Fbula Clsico: El Gato con Botas en Espaol 2015

Érase una vez un molinero que tenía tres hijos. https://www.youtube.com/watch?v=B4BepEJ4bDs muerte les dejó, por toda herencia, un molino, un asno y un gato. El reparto se hizo enseguida, sin llamar al notario ni al procurador, pues probablemente se hubieran llevado todo el pobre patrimonio. Al hijo mayor le tocó el molino; al segundo, el asno, y al más pequeño solo le correspondió el gato. Este último no se podía consolar de haberle tocado tan poca cosa. -Mis hermanos -se afirmaba- van a poder ganarse la vida honradamente juntándose los dos; en cambio yo, en cuanto me haya comido el gato y me haya hecho un manguito con su piel, me voy a morir de apetito. El gato, que estaba oyendo estas palabras, haciéndose el distraído, le dijo con aire serio y sosegado: -No te inquietes en absoluto, mi amo, no tienes más que darme un saco y hacerme un par de botas para ir por los zarzales, y ya verás que tu herencia no es tan poca cosa como tú crees.

Si bien el amo del gato con botas no hizo mucho caso al oírlo, lo había visto valerse de tantas estratagemas para cazar ratas y ratones, como cuando se colgaba por sus patas traseras o bien se escondía en la harina haciéndose el muerto, que no perdió la esperanza de que lo auxiliara en su miseria. En cuanto el gato tuvo lo que había pedido, se calzó velozmente las botas, se echó el saco al hombro, cogió los cordones con sus patas delanteras y se dirigió cara un coto de caza en donde había muchos conejos. Puso salvado y hierbas dentro del saco, se tendió en el suelo como si estuviese muerto, y aguardó que algún conejillo, poco conocedor de las tretas de este planeta, viniera a meterse en el saco para comer lo que en él había echado. Apenas se hubo acostado, cuando tuvo la primera satisfacción; un distraído conejillo entró en el saco. El gato tiró enseguida de los cordones para atraparlo, y lo mató sin compasión.



El marqués de Carabás hizo lo que su gato le recomendaba, sin saber con qué fines lo hacía. Mientras que se bañaba, pasó por allá el Rey, y el gato con botas se puso a chillar con sus fuerzas: - ¡Socorro, auxilio! ¡Que se ahoga el Marqués de Carabás! Al escuchar los gritos, el Rey se asomó por la ventanilla y, reconociendo al gato que tantas piezas de caza le había llevado, ordenó a sus guardias que fueran enseguida en socorro del Marqués de Carabás.

Mientras sacaban del río al pobre marqués, el gato con Botas se acercó a la carroza y le afirmó al Rey que, mientras que se bañaba su amo, habían venido unos ladrones y se habían llevado sus ropas, pese a que él chilló con sus fuerzas pidiendo ayuda; el gato las había escondido bajo una enorme piedra. Al momento, el Rey ordenó a los encargados de su guardarropa que fueran a buscar uno de sus más bellos trajes para el señor marqués de Carabás. El Rey le ofreció mil muestras de amistad y, como el hermoso traje que terminaban de darle realzaba su figura (pues era guapo y de buena presencia), la hija del rey lo halló muy de su agrado, de modo que, en cuanto el marqués de Carabás le dirigió dos o tres miradas respetuosísimas y un poco tiernas, ella se enamoró locamente de él.

Finalmente el Gato con Botas llegó a un magnífico castillo, cuyo dueño era un ogro, el más rico de todo el país, ya que todas las tierras por donde el Rey había pasado dependían de aquel castillo. El gato, que evidentemente se había informado de quién era aquel ogro y de lo que sabía hacer, pidió hablar con él para presentarle sus respetos, pues no quería pasar de largo sin haber tenido ese honor. El ogro lo recibió tan amablemente como puede hacerlo un ogro y lo invitó a descansar un rato. -Me han dicho -afirmó el gato- que tenéis la habilidad de poder transformaros en cualquier tipo de animal, que podéis convertiros en león o bien en elefante, por poner un ejemplo. -Es cierto -dijo impulsivamente el ogro-, y os lo voy a demostrar transformándome ipso facto en un león.

El gato se atemorizó mucho de encontrarse de súbito delante de un león y, con gran esfuerzo y dificultad, puesto que sus botas no servían para andar por las tejas, se encaramó al alero del tejado. Viendo luego el gato que el ogro había tomado otra vez su aspecto normal, bajó del tejado confesando que había pasado mucho miedo. -También me han asegurado -dijo el gato- que sois capaz de transformaros en un animal de pequeño tamaño, como una rata o bien un ratón, aunque debo confesaros que esto sí que me semeja del todo imposible. -¿Imposible? -replicó el ogro- Lo vais a ver. Y diciendo esto se convirtió en un ratón que se puso a correr por el suelo.

El gato, cuando lo vio, se lanzó sobre él y se lo comió. Mientras el Rey, que pasó ante el bello castillo, decidió entrar en él. De forma inmediata el gato con botas, que había oído el ruido de la carroza al atravesar el puente levadizo, corrió a su encuentro y saludó al Rey: -Sea bienvenido Vuestra Majestad al castillo del señor marqués de Carabás. -¡Pero bueno, señor Marqués! -exclamó el Rey. ¿Este castillo asimismo es vuestro? ¡Qué belleza de patio! Y las construcciones que lo rodean son también espléndidos. ¿Pasamos al interior? El marqués de Carabás tomó de la mano a la Princesa y, siguiendo al Rey, entraron en un imponente salón, donde los aguardaban unos exquisitos manjares que el ogro tenía listos para obsequiar a unos amigos suyos que tenían que visitarlo ese mismo día, si bien éstos no creyeron conveniente entrar al enterarse de que el Rey se hallaba en el castillo.

El rey, al ver tantas riquezas del Marqués de Carabás, así como sus buenas cualidades, y conociendo que su hija estaba completamente enamorada del marqués, decidió casar a su hija con el joven marqués, puesto que a este también se le veía tomar los vientos por la Princesa. El casamiento se festejó de manera inmediata, transformándose así el hijo menor del molinero en un príncipe; y el gato, que se quedó a vivir en el palacio junto con su amo, devino un gran señor, que sólo corría ya tras los ratones para divertirse. Y de esta forma, todos vivieron felices el resto de sus días.